La infancia
El amor entre padres e hijos es casi 'inevitable', se aman de manera recíproca e irracional. No hay una explicación para ese amor. Pero cuidado, no estamos obligados a amarnos, no se puede forzar esa relación. El amor en familia es voluntario, comprometido y con bases sólidas. Las relaciones entre padres e hijos, a veces, están marcadas por desencuentros, frustración, culpa... que salen a la su`perficie en momentos especiales y que son difíciles de manejar.
El amor filial no nace de la nada. Hay padres que no han sabido amar a sus hijos, no han podido demostrarles su amor, cultivar los sentimientos. A lo largo de la vida no lo han hecho y ven las consecuencias al sentir el abandono, del que muchas veces son responsables. Sus hijos no están obligados a amrles. Tal vez sólo cuiden de ellos por un deber de humanidad pero nada más. Incluso hay hijos que desarrollan sentimientos negativos hacia sus padres y no pueden ni siquiera ayudarlos ante la necesidad.
Pero el amor también se aprende. A veces, los padres no han estado a la altura de las circunstancias, otras no han sabido transmitir el amor seguramente porque a ellos tampoco les enseñaron a amar. El amor no solo está en el fondo sino, también, en las formas. Debemos conocer cuál es nuestro caso particular.
Si la relación es insana, no saludable en nuestra vida debemos optar por no amarlas como parte del respeto que nos debemos a nosotros mismos. En este caso debemos permitirnos no amarlos, prodigarles, eso sí, actitudes cariñosas y atenderlos o cuidarlos en sus necesidades básicas. Esto últmo está relacionado con nuestro deber de reciprocidad y agradecimiento.
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